Se vistió, se abrigó bien, esa mañana estaba haciendo mucho frío, y salió. No sabía bien a donde iba pero le gustaba sentir ese viento fresco helandole la cara.
A pesar del día nublado y el frío, se sintió feliz y con ganas de hacer muchas cosas.
Buscó su celular y llamó a Karina. Sabía que podía estar con ella en cualquier situación aunque fuese mantenerse calladas mirándose la cara una a la otra.

Aunque se conocían hacía mas de diez años, tuvo que buscar el número en la agenda. Reconocía que no era usual en ella memorizar números de teléfono. Así como tampoco fechas. No le interesaba demasiado, aunque en ocasiones se lo reprochó.
El teléfono sonaba. Karina, como era de esperarse, tardaba en atender, hasta que después de varios tonos apareció su voz agitada del otro lado, seguramente por haber corrido a atender, como hacía comúnmente.
"Kari paso por tu casa a tomar unos mates y charlar, que hace unos cuantos días que no nos vemos".
Como Karina vivía en Caballito, ya estaba cerca y antes pasó por el almacén que había en la esquina, al que recurrían cada vez que tenían algún antojo de último momento. Compró esos bizcochitos que tanto le obsesionaban a su amiga y tocó timbre.

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