Lo primero que se le vino a la cabeza fue el mensaje que le había mandado. Aunque estaba claro, llamar por teléfono involucraba llegar a un compromiso, tener que concretar algo en aquella conversación, un diálogo y tener que esforzarce por pensar que decir.
Pero el mensaje de texto no necesitaba disfrazar nada, solo escribía dos o tres palabras (con suerte y viento a favor, bien escritas) para tener una "charla" que podía no llegar a ningún lado, simplemente con no contestar el siguiente mensaje. Él podía alegar con una excusa tan básica como "estuve a full con la facu", tratando de explicar su ausencia, y el porque de no haber llamado o contestado alguna frase más, tirada en ese frío universo de la telefonía celular.
Así evitaba la situación, y estaba como quería.

Se le ocurrió que una posible solución hubiese sido responder simplemente con un "llamame" o mas bien llamandolo.
Pero no, ahí afloraba su inquietante orgullo.
No iba a llamarlo. Bajo ningún punto de vista.

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