Igualmente tendría que acostumbrarse a eso... ¿o no?
En eso, mientras miraba vidrieras, llegó un mensaje.
Se le cruzó un instante por la cabeza que fuese él, que se había hecho un tiempo y ya iba a confirmarle a qué hora se verían. Pero en solo una fracción de segundo desistió de esa idea. Era muy improbable que eso pasara, casi imposible murmuró mientras sacaba el celular de su cartera.
Efectivamente, no era él. Era un chico que había conocido en un bar, una noche con las amigas de la facultad. Se habían estado mirando desde temprano hasta que al fin se acercó.
Le pareció extraño al principio, que comenzó a hablarle a una de sus amigas, pero Claudia simplemente siguió hablando con sus amigas sin siquiera mirarlo. A los diez minutos dejó a su amiga, y fue a hablar con Claudia.
La charla se prolongó algo así como una hora y al final él le había pedido su número de celular.

"¿Cómo estás Clau? Soy Matías el chico del pub de la otra vez"
Primero se sorprendió porque en lo que menos estaba pensando era en él y después de un par de semanas, creyó que ese asunto había quedado en la nada.
Sonrió y se acordó de uno de los tópicos que surgía en las conversaciones con Karina, en situaciones como esa. Cuando repentinamente, como si tuviesen un sexto sentido que les hiciese notar que ya no esperamos nada de él, reaparecen todos a la vez. Y el el momento que decidimos no pensar en una persona en especial, se ponen de acuerdo por separado para desaparecer.

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