sábado, 12 de septiembre de 2009

Para volver a empezar hay que acabar lo anterior


Ya se había perdido mirando las vidrieras y estaba empezando a hacer demasiado frío.
No pudo resistirse a comprarse un café. Después de diez minutos de esperar en una fila que parecía interminable, pensando como todas esas personas podían estar una tras otra esperando por un simple café, pero ella era uno de ellos.

Cuando al fin tuvo su café bien puro y caliente salió, se cubrió la cara con la bufanda de manera que solo se le veían los ojos, y abrazó el vaso grande de plástico con ambas manos.
Odiaba que cada vez que salía a la calle y hacía frío se le hincharan los dedos de las manos.
Caminó unas cuadras hasta la parada del colectivo para volver rápido a su casa.
En el viaje, con la cabeza apoyada contra la ventanilla fría y empañada, pensó en las ganas que le brotaban en esas épocas de tener alguien con quien pudiera abrazarse al llegar a su casa, con quién tomar un café y mirar juntos una película.

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